Norte y sur
Norte y sur Y salió majestuosamente, con la gracia silenciosa de una princesa ofendida. La señora Thornton tenÃa humor natural más que suficiente para advertir lo absurdo de la posición en que habÃa quedado. No le quedaba más remedio que marcharse también. No se sentÃa especialmente enojada por el comportamiento de Margaret. Ella no le importaba tanto como para eso. HabÃa tomado la reconvención de la señora Thornton tan a pecho como aquella dama esperaba; y el apasionamiento de Margaret aplacó a su visitante mucho más de lo que podrÃan haberlo hecho el silencio o la reserva. Demostraba el efecto de sus palabras. «Jovencita —se dijo la señora Thornton—, menudo genio se gasta. Si John y usted se hubieran unido, él habrÃa tenido que ser muy estricto para enseñarle su sitio. Pero no creo que vuelva a pasear con su galán a esa hora del dÃa sin más. Tiene demasiado orgullo y demasiado temple para hacerlo. Me gusta que una joven salga volando ante la idea de dar que hablar. Demuestra que no es atolondrada ni atrevida por naturaleza. Y ésta puede ser atrevida, pero nunca serÃa atolondrada. Tengo que reconocerlo. En cuanto a Fanny, ella seria atolondrada pero no serÃa atrevida. No tiene valor, ¡pobrecilla!».