Norte y sur
Norte y sur —Vamos —le dijo, en un tono más áspero que antes. «Son los hombres como éste los que interrumpen el comercio y perjudican a la ciudad en que viven: puros demagogos, amantes del poder a cualquier precio para los demás», se dijo.
»Bien, señor, ya me dirá lo que quiere de mà dijo el señor Thornton dando media vuelta para mirarlo en cuanto llegaron a la oficina de la fábrica.
—Me llamo Higgins…
—Ya lo sé —dijo el señor Thornton interrumpiéndole—. ¿Qué quiere, señor Higgins? Ésta es la pregunta.
—Quiero trabajo.
—¡Trabajo! Tiene mucha cara viniendo a pedirme trabajo. Desfachatez no le falta, eso está claro.
—Tengo enemigos y difamadores, como mis superiores; pero ninguno me ha criticado por pecar de modestia, que yo sepa —dijo Higgins. Le habÃa alterado un poco la sangre la actitud del señor Thornton, más que sus palabras.
El señor Thornton vio una carta dirigida a él en la mesa. La cogió y la leyó. Al terminar, alzó la vista y dijo:
—¿Qué está esperando?
—Una respuesta a la pregunta que le he hecho.
—Ya se la he dado. No pierda más tiempo.