Norte y sur

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—¡A fe mía que no se considera usted poca cosa! Hamper ha sufrido una gran pérdida privándose de usted. ¿Cómo ha podido prescindir de usted y de su sabiduría?

—Bueno, nos separamos por mutuo descontento. Yo no estaba dispuesto a hacer la promesa que pedían; y ellos no me aceptaban de ningún modo. Así que puedo aceptar otro compromiso libremente. Y como ya he dicho, aunque no debiera hacerlo yo, soy un buen trabajador, señor, y un hombre formal, sobre todo cuando me abstengo de beber, que es lo que haré ahora aunque no lo haya hecho nunca antes.

—Para poder ahorrar así más dinero para otra huelga, supongo.

—¡No! Ojalá fuera libre para hacerlo; es por la viuda y los hijos de un hombre que se volvió loco por esos esquiroles suyos; despedido de su puesto por un irlandés que no distingue la trama de la urdimbre.

—¡Bien! Será mejor que acuda a algún otro si tiene tan buenas intenciones. Yo le aconsejaría que no se quedara en Milton: aquí es demasiado conocido.

—Si estuviéramos en verano —dijo Higgins— buscaría trabajo de irlandés, haría de peón caminero, de segador o lo que fuese, y no volvería a aparecer por Milton. Pero estamos en invierno y los niños tendrán hambre.


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