Norte y sur
Norte y sur —¡Menudo peón caminero serÃa usted! ¡No conseguirÃa hacer ni la mitad de trabajo que un irlandés en un dÃa!
—Pues cobrarÃa media jornada por las doce horas si no pudiera hacer más trabajo en ese tiempo. ¿No conoce ningún sitio en que me pongan a prueba lejos de los talleres si soy tan incendiario? Aceptaré el jornal que crean que merezco, lo haré por esos chiquillos.
—¿Es que no se da cuenta de lo que serÃa entonces? SerÃa un esquirol. AceptarÃa salarios más bajos que los demás trabajadores, y todo por los hijos de otro hombre. Piense cómo insultarÃa a cualquier pobre individuo que estuviera dispuesto a hacer lo que pudiera para mantener a sus hijos. Usted y su sindicato le atacarÃan de inmediato. ¡No, no! Aunque sólo sea por el modo en que han utilizado a los pobres esquiroles antes le contesto no a su pregunta. No le daré trabajo. No diré que no me creo la excusa para venir a pedirme trabajo; no sé nada al respecto. Tal vez sea verdad o tal vez no. Es una historia bastante inverosÃmil, de todos modos. Déjeme pasar. No le daré trabajo. Ya tiene la respuesta.
—Entiendo, señor. No le habrÃa molestado si no me hubiera pedido que viniera alguien que parecÃa creer que tenÃa usted algún lugar tierno en el corazón. Ella se equivocó y yo me dejé engañar. Pero no soy el primer hombre que se deja engañar por una mujer.