Norte y sur
Norte y sur —DÃgale a ella que se preocupe de sus asuntos en vez de hacer perder el tiempo a los demás. Creo que las mujeres están en el fondo de todas las desgracias de este mundo. ¡Lárguese!
—Le agradezco su amabilidad, señor, y sobre todo su forma delicada de decirme adiós.
El señor Thornton no se molestó en contestar. Pero, al mirar por la ventana un minuto después, le impresionó la figura enjuta y encorvada que salÃa del patio. Su paso lento contrastaba extrañamente con la determinación clara y resuelta del hombre que habÃa hablado con él. Fue a la caseta del portero:
—¿Cuánto tiempo ha estado esperando ese tal Higgins para hablar conmigo?
—Estaba en la verja antes de las ocho, señor. Creo que no se movió de ahà desde entonces.
—¿Y ahora son…?
—Es la una, señor.
«Cinco horas —pensó el señor Thornton—. Es mucho tiempo para que espere un hombre sin más que hacer que confiar y temer».