Norte y sur
Norte y sur —¿Por qué, entonces?
—Es una pregunta muy personal. TendrÃa que ponerme al descubierto ante semejante catequista y no sé si estoy dispuesto a hacerlo.
—¡No! —dijo el señor Hale—; no seamos personales en nuestro catequismo. Ninguno de ustedes son hombres representativos. Ambos son demasiado individualistas para eso.
—No sé si considerarlo un cumplido. Me gustarÃa ser el representante de Oxford, con su belleza, su conocimiento y su noble historia antigua. ¿Qué opinas tú, Margaret? ¿Debo sentirme halagado?
—Yo no conozco Oxford. Pero existe una diferencia entre ser el representante de una ciudad y el hombre representativo de sus habitantes.
—Muy cierto, señorita Margaret. Ahora recuerdo que esta mañana estaba contra mà y era absolutamente miltoniana e industrial en sus preferencias.
Margaret advirtió la rápida mirada de sorpresa que le lanzó el señor Thornton y le disgustó la idea que podrÃa sacar del comentario del señor Bell. Este prosiguió: