Norte y sur
Norte y sur —Un momento —dijo el señor Thornton—. Tenga en cuenta que no somos de la misma raza que los griegos, para quienes la belleza lo era todo y a quienes el señor Bell podrÃa hablar de una vida de ocio y gozo sereno, buena parte del cual les entraba por los sentidos externos. No me propongo despreciarlos más de lo que los imitarÃa. Pero yo pertenezco a la estirpe teutónica. En esta región de Inglaterra está poco mezclada, menos que en otras. Conservamos buena parte de su lengua, conservamos más de su espÃritu. Nosotros no consideramos la vida un tiempo para disfrutar, sino un tiempo para la acción y el esfuerzo. Nuestra gloria y nuestra belleza surgen de nuestra fuerza interior, que nos hace vencer la resistencia material y dificultades mayores incluso. Y somos teutones aquà en Darkshire en otro aspecto. Odiamos que nos impongan leyes elaboradas a distancia. Deseamos que nos dejen regirnos a nosotros mismos en lugar de entrometerse continuamente con su legislación imperfecta. Defendemos el gobierno autónomo y nos oponemos al centralismo.
—O sea, que les gustarÃa restaurar la heptarquÃa. Bien, de todos modos, retiro lo que dije esta mañana: que la gente de Milton no respeta el pasado. Adoran ustedes a Tor.