Norte y sur
Norte y sur —¡Nunca! —repuso el señor Hale, primero sorprendido y luego nervioso por la nueva idea—. No, estoy seguro de que te equivocas. Estoy casi seguro de que estás en un error. Si hubiera algo, serÃa sólo por parte del señor Thornton. ¡Pobrecillo! Espero y confÃo en que no piense en ella, porque estoy seguro de que ella no le aceptarÃa.
—¡Bueno! Yo soy soltero y he evitado las aventuras amorosas toda la vida, asà que tal vez no haya que tener en cuenta mi opinión. De lo contrario, ¡yo dirÃa que habÃa sÃntomas clarÃsimos en ella!
—Entonces creo que te equivocas —repuso el señor Hale—. Es posible que él se interese por ella, aunque la verdad es que ha sido casi grosera con él a veces. ¡Pero ella! En fin, estoy convencido de que nunca pensarÃa en él. Semejante idea ni siquiera se le ha pasado por la cabeza.
—Tal vez por el corazón sÃ. Pero yo no he hecho mas que apuntar una posibilidad. Tal vez me equivoque. Y tanto si me equivoco como si no, tengo mucho sueño. Asà que, después de estropearte el reposo nocturno (según compruebo) con mis inoportunas fantasÃas, me entregaré al mÃo con la conciencia tranquila.
Pero el señor Hale decidió que no se preocuparÃa por una idea tan descabellada; asà que permaneció despierto, decidido a no pensar en ella.