Norte y sur
Norte y sur —Bueno, mamá, haremos lo que podamos —dijo Margaret impaciente, sin ver el aspecto prudencial del asunto y aferrándose sólo a la idea de que prestarÃan aquella ayuda por última vez—. Tal vez no sigamos aquà mucho tiempo.
—¿Te encuentras mal, cariño? —preguntó la señora Hale preocupada, malinterpretando la insinuación de Margaret sobre la incertidumbre de permanecer en Helstone—. Estás pálida y cansada. Es este aire húmedo, bochornoso e insalubre.
—No, no, mamá, no es eso: el aire es delicioso. Huele a la más pura y fresca fragancia comparado con la atmósfera cargada de Harley Street. Pero estoy cansada, ya casi debe de ser hora de acostarse.
—No falta mucho, son las nueve y media. Pero es mejor que te vayas ya a la cama, cariño. PÃdele a Dixon unas gachas. Yo iré a verte en cuanto te acuestes. Me preocupa que te hayas resfriado, o respirado el aire pútrido de una de esas lagunas estancadas…
—Ay, mamá —dijo Margaret, besando a su madre con una leve sonrisa—. Estoy perfectamente, no te preocupes por mÃ; sólo estoy cansada.