Norte y sur

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Capítulo XLVIII

No volver a encontrarse

¡Amigo de mi padre, amigo mío!

¡No puedo separarme de ti!

Nunca has demostrado, nunca has sabido

el gran cariño que te tengo.

ANÓNIMO[84]

Los elementos de las cenas que daba la señora Lennox eran los siguientes: sus amigas aportaban la belleza; el capitán Lennox, el conocimiento despreocupado de los temas del día; y el señor Henry Lennox y algunos hombres influyentes invitados como amigos suyos, el ingenio, la inteligencia, el vasto y profundo conocimiento del que sabían sacar partido sin resultar pedantes ni recargar el rápido fluir de la conversación.

Estas cenas eran muy agradables, pero incluso en ellas la insatisfacción que sentía Margaret la sorprendía. Se desplegaban todos los talentos, todos los sentimientos, todos los conocimientos; no, incluso todas las inclinaciones a la virtud, como materiales de fuegos de artificio; el fuego sagrado, oculto, se consumía en centelleo y crepitación. Hablaban de arte de forma meramente sensual, considerando los efectos externos en vez de permitirse aprender todo lo que tiene que enseñar. Se estimulaban hasta el entusiasmo sobre temas elevados en compañía y no volvían a pensar en ellos cuando estaban solos; derrochaban sus dotes críticas en un simple flujo de palabras apropiadas.


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