Norte y sur
Norte y sur La señora Hale se sintió tan abrumada por los problemas y por la necesidad de tomar decisiones inmediatas que parecía recaer de pronto sobre ella, que se puso enferma. A Margaret casi le pareció un alivio que su madre decidiera guardar cama y dejara que se encargara de organizarlo todo ella. Y Dixon, fiel a su deber de acompañante, atendía a su señora y sólo salía del dormitorio de la señora Hale para mover la cabeza y murmurar para sí de un modo que Margaret decidió ignorar. Pues lo único claro y urgente era que tenían que marcharse de Helstone. Ya habían nombrado al sucesor del señor Hale en el beneficio; y, en todo caso, después de la decisión de su padre, no debía haber demora, tanto por él como por todo lo demás. Había decidido despedirse personalmente de cada feligrés y cada tarde regresaba a casa más deprimido. Margaret carecía de experiencia en los asuntos prácticos que había que solucionar y no sabía a quién acudir en busca de consejo. La cocinera y Charlotte trabajaban muy dispuestas y con tenacidad en todo el traslado y empaquetamiento; y en cuanto a eso, el admirable sentido de Margaret le permitió ver lo que era mejor y dirigir cómo debía hacerse. Pero ¿adónde irían? Tenían que marcharse en una semana. ¿Directamente a Milton o adónde? Muchos preparativos dependían de eso concretamente, y Margaret decidió preguntárselo a su padre una noche, a pesar de su fatiga y abatimiento evidentes. Él contestó: