Norte y sur
Norte y sur —Pero hija, la verdad es que he tenido demasiadas cosas en que pensar para ocuparme de eso. ¿Qué dice tu madre? ¿Qué quiere ella? ¡Pobre Maria!
Le respondió un eco más sonoro que su suspiro. Dixon acababa de entrar en la habitación a buscar otra taza de té para la señora Hale, y al oÃr las últimas palabras del señor Hale, y protegida de la mirada recriminatoria de Margaret por su presencia, se atrevió a decir:
—¡Mi pobre señora!
—Espero que no se encuentre peor hoy —dijo el señor Hale, volviéndose apresuradamente.
—No podrÃa decirlo, señor. No me corresponde a mà juzgar. La enfermedad parece mental más que fÃsica.
El señor Hale se mostró infinitamente afligido.
—Será mejor que lleves el té a mamá antes de que se enfrÃe, Dixon —dijo Margaret en tono de serena autoridad.
—Oh, le pido disculpas, señorita. Me he distraÃdo pensando en mi pobre…, en la señora Hale.