Ruth
Ruth —Entre sus habitaciones, hay alguna en la que acostumbraba a dormir su hija, ¿digo bien? Estoy seguro de que tendrá la gentileza —lo consideraré como un gran favor— de consentir a esta joven muchacha que duerma allà por esta noche. ¿Puede acompañarla ahora mismo? Vaya, querida. Tengo plena confianza es su promesa de no marchar antes de que podamos conversar.
Su voz se esfumó en el silencio, pero alzándose en pie como él le habÃa pedido, Ruth miró su rostro entre lágrimas. Sus labios se movÃan en una tácita y ferviente plegaria y comprendió que era por ella por quien rezaba.
Aquella noche, el señor Benson no consiguió dormir; si bien el reposo hubiera aliviado su dolor, fue sacudido por un delirio febril y los acontecimientos comenzaron a desplegarse delante suyo, cambiando de forma continuamente en su fantasÃa. Encontró a Ruth en cualquier lugar y modo posibles, dirigiéndose a ella de todas las maneras imaginables para convencerla y empujarla al arrepentimiento y a la virtud. Era ya casi de mañana cuando se durmió, pero las mismas ideas le perseguÃan en sueños: le decÃa algo, pero no conseguÃa hablar en voz alta y asà ella se dispersaba inflexible en el lago oscuro y profundo.
Pero Dios actúa por vÃas misteriosas.