Ruth
Ruth —A decir verdad, señor, en este periodo viene prácticamente cada dÃa, porque la posada está completa.
—Iré a llamarlo. ¿Puede usted desvestirla y acostarla en la cama? Abra también la ventana para que entre el aire; si siente frÃo en los pies, le puede dar la botella de agua caliente.
Ni siquiera por un instante pasó por sus mentes una sensación de pesadumbre por el hecho de que aquella pobre muchacha terminara de aquel modo en sus manos; fue ésta una prueba del verdadero amor intrÃnseco a la naturaleza de ambos. La señora Hughes la llamó incluso, «una bendición».
—Bendice a aquel que da y a aquel que toma.[34]