Ruth
Ruth Pero para Ruth era inexplicable: ¡HabÃa bostezado, holgazaneado, observado el bello panel de la pared y se habÃa perdido en pensamientos sobre su casa, hasta tal punto que esperaba la gran reprimenda que con toda seguridad habrÃa recibido en cualquier otra circunstancia, y en vez de esto —para su sorpresa—, habÃa sido elegida como una de las más diligentes!
Por más que anhelase ardientemente ver el magnÃfico salón de baile —orgullo de la provincia—, observar de reojo a los bailarines y escuchar a la orquesta; por más que desease un poco de distracción de la monótona y tediosa vida que llevaba, no obstante, no habrÃa podido sentirse feliz aceptando un privilegio que se le habÃa concedido, como suponÃa, por ignorancia del verdadero estado de las cosas. Y asà sorprendió a sus compañeras alzándose bruscamente y dirigiéndose a la señora Mason, quien terminaba un vestido que debÃa haber sido entregado a domicilio hacÃa ya dos horas.
—Si me permite, señora Mason, yo no he sido una de las más cumplidoras. Lo siento pero creo que he estado lejos de ser una de las más diligentes. Estaba muy cansada y no he podido hacer otra cosa que pensar, y cuando pienso no puedo atender a mi trabajo. —Creyendo haberse explicado convenientemente, se detuvo, pero la señora Mason parecÃa no entenderla y no quiso más aclaraciones.