Ruth
Ruth EL BAILE
Llegado el momento, aquella noche, antes de dirigirse hacia el salón de baile, la señora Mason llamó a su presencia a «sus muchachas» para inspeccionar su apariencia. El modo brusco, solemne y precipitado con el que las convocó, no distó mucho de aquel de una gallina que agrupa cacareando a sus pollitos; y a juzgar por el cuidadoso reconocimiento que sufrieron las niñas, se podría pensar que aquella noche tenían un importante papel más allá del de simples doncellas.
—¿Éste es su mejor vestido, señorita Hilton? —preguntó con cierto descontento la señora Mason a Ruth, obligándola a girarse. Era su vestido negro de noche de los domingos y sin embargo estaba andrajoso y harapiento.
—Sí, señora —respondió Ruth con tono pensativo.
—¡Oh! Está bien —de nuevo con un cierto descontento—. El vestido, jovencitas, es un factor secundario. El comportamiento es lo verdaderamente importante. Y sin embargo, señorita Hilton, creo que debería escribir a su tutor que le enviase dinero para un nuevo vestido de noche. ¡Cuánto siento no haberlo pensado antes!
—Aunque le escribiera no creo que me lo enviase —respondió Ruth en voz baja—. Le pedí un chal con la llegada del frío y se enojó muchísimo.