Ruth
Ruth La señora Mason le dio un pequeño empujoncito y Ruth se puso de nuevo en fila junto a su amiga, la señorita Woods.
—No te preocupes Ruthie. Eres la más hermosa de todas ellas —dijo una muchacha alegre y afable cuyo aspecto vulgar le ahorraba la envidia de la rivalidad.
—SÃ, sé que soy bella —dijo Ruth con tristeza—, pero me disgusta no tener un vestido de fiesta mejor: éste decididamente está andrajoso. Me avergüenzo de mà misma y siento que la señora Mason se avergüenza el doble que yo. Quisiera no tener que ir. No imaginaba en absoluto que debÃamos pensar en nuestro vestido, de otro modo no hubiera deseado asistir.
—No te inquietes Ruth —dijo Jenny—, la señora Mason ya te ha inspeccionado y pronto estará demasiado ocupada como para interesarse por ti y tu vestido.
—¿Has escuchado? Ruth ha dicho que se siente bella —susurró una jovencita en un tono lo suficientemente alto como para que Ruth pudiera oÃr sus palabras.
—No podrÃa no sentirme bella —respondió ella con humildad—, me lo han dicho siempre.
Finalmente los preparativos concluyeron y las jóvenes se adentraron con paso ligero en aquella gélida noche. Para Ruth, sentir aquel aire fresco fue tan estimulante que por poco no se puso a dar saltos, olvidándose casi por completo del harapiento vestido y de su avaro tutor.