Ruth
Ruth Una baja nube gris fue la primera imagen que ella tuvo de Eccleston: era el humo de la ciudad suspendido sobre la meseta. Un poco más lejos del lugar en el que intuía se encontraban las casas, se perfilaban las colinas onduladas; nada que ver con la dulce silueta de las montañas galesas, pero igualmente cercana al paraíso, respecto al terreno raso en el que acababan de entrar. El ruido de piedras, las farolas, una brusca frenada: habían llegado a la ciudad de Eccleston; una ruda y misteriosa voz, proveniente del lado sombreado de la carroza, dijo:
—¿Cómo se encuentra, señora?
—¡Bien, bien! —respondió la señorita Benson aceleradamente—. ¿Le ha mandado Sally, Ben? Coja el candil y ocúpese del equipaje.