Ruth
Ruth Los campesinos entraron atusándose los cabellos por un pasillo lateral, caminando de un modo silencioso y ligero. Minutos después, cuando estaban ya todos reunidos, apareció el señor Benson, solo, sin nadie a su flanco. Cerró la puerta del púlpito y arrodillándose durante algunos instantes para rezar sus oraciones, declamó un salmo de la antigua paráfrasis escocesa[48], con su particular versión, simple y perfecta, de la Biblia. Una especie de tenor, se levantó y después de dar la nota con un diapasón, entonó algunos versos para indicar la melodía. A continuación se alzó la congregación entera para cantar en voz alta, con la profunda voz de barítono del señor Bradshaw media nota por delante del resto, de conformidad con su primacía como miembro más eminente de la congregación. Su potente voz recordaba a un órgano mal afinado y particularmente desentonado, sin embargo, carente de oído pero sobrado de confianza y seguridad en sí mismo, se mostraba complacido de aquel poderoso sonido que brotaba de su garganta. El señor Bradshaw era un hombre alto, fuerte y de constitución robusta; intransigente, enérgico y autoritario, vestía trajes confeccionados con los mejores tejidos, pero escrupulosamente mal rematados, como si quisiera demostrar su indiferencia por las cosas superficiales. Su mujer era dulce y de aspecto delicado y estaba completamente sometida a él. Ruth no se percató de ello, simplemente escuchó las palabras pronunciadas con respeto —¡oh, con cuánto respeto!—, por el señor Benson. Éste, había tenido a Ruth presente durante los preparativos de sus deberes dominicales, tratando de evitar todo aquello que a ella le recordara su triste situación. Le vino a la mente, la escena de cómo el Buen Pastor, en el hermoso cuadro de Poussin[49], condujo tiernamente a su rebaño exhausto tras una agotadora jornada en la que se habían perdido. Entonces comprendió que debería emplear la misma ternura con la desdichada muchacha. Pero, ¿qué capítulo de la Biblia no menciona algún suceso que un alma atormentada y arrepentida no pueda aplicarse a sí misma? Y así, sucedió que mientras leía, el corazón de Ruth se estremeció; se fue encogiendo cada vez más, hasta que se encontró de rodillas en el banco, hablando con Dios en lo más profundo de su corazón, con las palabras del hijo pródigo: