Ruth
Ruth —Una muselina muy refinada, de veras —dijo la señorita Benson tocándola y admirándola bajo la luz con aires de entendida en la materia, pero sin perder de vista el circunspecto rostro de Ruth. Ésta, permanecÃa en silencio y sin dar muestras de interés por el regalo. Finalmente, dijo en voz baja:
—Supongo que puedo devolverlo…
—Pero ¿cómo se le ocurre, niña? ¡Devolver un regalo al señor Bradshaw! Le ofenderÃa para el resto de sus dÃas. Puede estar segura de que se lo ha regalado en señal de alta estima.
—¿Con qué derecho? —preguntó Ruth, siempre con voz sumisa.
—¿Qué derecho? El señor Bradshaw piensa… no entiendo que pretende decir con «derecho».
Ruth calló durante unos instantes, luego añadió:
—Hay personas por las cuales soy feliz de estar agradecida —una gratitud que no puedo expresar con palabras y de la que prefiero no hablar—, pero no puedo entender por qué motivo una persona que no conozco tiene que comprometerme. ¡Oh! Por favor, señorita Benson, ¡dÃgame que puedo restituirle la muselina!