Ruth
Ruth Lo que le hubiera contestado la señorita Benson, si su hermano no hubiese entrado en aquel preciso instante en la habitación, ni él, ni nadie se lo puede imaginar. Ella, sin embargo, estimó su presencia, cuanto menos oportuna y lo reclamó en calidad de árbitro. El señor Benson llegó muy acelerado, pues tenía muchas ocupaciones, pero cuando vio de qué se trataba, se sentó y trató de sonsacar una descripción más precisa de Ruth, que durante la exposición de los hechos de la señorita Benson, había permanecido completamente muda.
—¿Preferiría devolver el regalo, Ruth? —preguntó.
—Sí —respondió dulcemente—. ¿Es algo malo?
—¿Por qué quiere devolverlo?
—Porque me parece que el señor Bradshaw no tiene el derecho de hacerme ningún regalo.
El señor Benson quedó en silencio.
—Es de una delicadeza exquisita —dijo la señorita Benson, que continuaba admirando la muselina.
—¿Cree que es un derecho que debe ganarse?
—Sí —respondió después de un minuto de pausa—. ¿Usted no?