Ruth
Ruth Apenas cerró la puerta, se acercó de nuevo a la cama y observó a su bebé hasta que los ojos se le llenaron de lágrimas.
—¡Dios te bendiga, tesoro! Sólo pido ser un instrumento en Sus manos y no descartarme como algo inútil… o incluso peor.
Asà concluyó el dÃa del bautizo de Leonard.