Ruth
Ruth De repente las campanas de la vieja iglesia dieron la hora, y en la lejanÃa, allá en lo alto del cielo, resonaba la melodÃa de «Disfruta de la vida»[68]; la habÃan cantado durante años —toda una vida— y cada vez que la entonaban parecÃa la primera, extraña y etérea. Ruth se paró un momento, y sin saber por qué, se le llenaron los ojos de lágrimas. Cuando la melodÃa terminó, besó tiernamente a su hijo pidiéndole a Dios que lo bendijera.
En aquel preciso momento salió Sally vestida de noche y con mirada tranquila. HabÃa terminado sus labores domésticas y junto a Ruth se dispuso a tomar el té en la cocina exquisitamente pulcra; mientras esperaba que el agua hirviera en la tetera, salió a disfrutar del aire deliciosamente perfumado del jardÃn. Recogió un ramillete de abrótano y se lo acercó a la nariz para oler su suave fragancia.
—¿Cómo llamáis a esta planta en vuestro paÃs? —preguntó.
—Oldman, respondió Ruth.