Ruth
Ruth —La pasada noche Ruth tuvo que salir, por eso me ofrecà a ordenar el taller por ella. Lo encontraré inmediatamente, señora —respondió una de las jóvenes.
—Oh, soy muy consciente de las costumbres de la señorita Hilton de descargar sus deberes y obligaciones sobre cualquiera que pueda ser inducido a relevarla —replicó la señora Mason.
Ruth enrojeció y estalló en lágrimas, pero estaba tan segura de la falsedad de las acusaciones que, reprochándose a sà misma haber explotado de aquel modo, levantó la cabeza y miró orgullosa a su alrededor como apelando a sus compañeras.
—¿Dónde está la falda del traje de lady Farnham? ¡No le habéis cosido los volantes! ¡Estoy estupefacta! ¿Puedo preguntar a quién se le encargó ayer ese trabajo? —preguntó la señora Mason, fijando la mirada sobre Ruth.
—DeberÃa haberlo hecho yo, pero cometà un error y tuve que deshacerlo. Lo siento mucho.
—PodrÃa haberlo adivinado. ¡Seguro! ¡Está claro que cuando un trabajo se descuida y se echa a perder, no hace falta mucho para descubrir en qué manos ha caÃdo!
Todas estas reprimendas las recibió Ruth justamente el dÃa en que estaba menos dispuesta a soportarlas con serenidad de ánimo.