Ruth

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El señor Bradshaw se percató del interés que Jemimah había suscitado en la mente de su socio, tanto que llegado el momento, consideró su futuro matrimonio como un negocio cerrado. De lo apropiado del enlace se había convencido hacía ya mucho tiempo. Como el señor Farquhar era su socio, la fortuna que debía desembolsar por la dote de su hija terminaría igualmente en sus manos ya que revertería en su sociedad; y además el señor Farquhar era un hombre equilibrado con muy buen ojo para los negocios; tenía la edad justa para conciliar el afecto paterno con el conyugal y por tanto era el hombre idóneo para Jemimah, en la que había notado cierta indisciplina que podía explotar bajo un régime[77] no tan sabiamente adecuado como el suyo (ésta era al menos la opinión del señor Bradshaw). El señor Farquhar tenía una casa ya amueblada, no muy distante de la suya; ningún pariente cercano al que cobijar en su residencia por tiempo indeterminado (que provocara un aumento de los gastos domésticos), en resumen y mirándolo desde cualquier perspectiva, era incluso mejor de lo que habría nunca ambicionado. El señor Bradshaw respetaba la prudencia que creía intuir en el comportamiento del señor Farquhar, atribuyéndola a un sabio deseo de apartar momentáneamente sus asuntos comerciales, para concederle al hombre de negocios más tiempo para el amor.

En cambio, Jemimah, a menudo llegaba casi a sentir odio por el señor Farquhar.


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