Ruth
Ruth —¿Con qué derecho se atreve a sermonearme? —pensaba—. ¡A duras penas soporto las reprimendas de mi padre, asà que no pienso tolerar las suyas! Me trata como a una niña, como si fuera a repudiar mis actuales opiniones cuando tenga la posibilidad de conocer mundo y adquirir mayor experiencia. Pues me niego a conocer mundo si con ello cambia mi perspectiva de la vida, si implica ver las cosas a su modo. Me pregunto qué le habrá empujado a contratar de nuevo a Jem Brown como jardinero, si en realidad piensa que ni siquiera un delincuente sobre mil, puede volver al buen camino. Algún dÃa le preguntaré si no ha sido más bien un acto impulsivo y no basado en sus principios. ¿Por qué desprecian de tal modo los impulsos? Por supuesto que se lo diré al señor Farquhar, no dejaré que se entrometa en mis cosas. Una vez cumplidos los mandatos de mi padre, nadie tiene el derecho de juzgar si lo hago voluntaria o forzosamente.