Ruth
Ruth —No tengo duda alguna de que asà lo ha hecho —replicó su padre con seriedad—. Tu madre tiene la costumbre de referirme detalladamente todo aquello que sucede en mi ausencia. Y además, semejante discurso no es propio de ella. No ha alterado ni una sola palabra, estoy convencido. La he instruido en la precisión, hecho muy inusual en una mujer.
En cualquier otro momento, Jemimah no hubiera contenido su oposición contra la práctica de reportar continuos despachos al cuartel general que desde hacÃa ya tiempo suponÃa un obstáculo insuperable entre ella y su madre, pero ahora, los medios empleados por su padre para conseguir información carecÃan de importancia, haciéndose insignificantes frente a la naturaleza del informe transmitido. Permaneció en silencio, aferrándose al respaldo de la silla y deseando ardientemente escapar de aquella habitación.
—Espero que esta charla sirva para que te comportes de modo adecuado con el señor Farquhar. Si tu temperamento es demasiado rebelde para que lo puedas controlar, al menos ten respeto por mis directrices y encuentra el modo de reprimirte delante de él.
—¿Puedo irme? —preguntó Jemimah muy molesta.
—Puedes irte —respondió su padre.