Ruth
Ruth Cuando ella dejó la cámara, el señor Bradshaw se frotó las manos, satisfecho con el efecto producido por sus palabras y maravillado por el hecho de que una persona con una educación como la de su hija, pudiera decir o hacer algo que pudiera provocar en el señor Farquhar una observación tan severa.
—No hay nadie tan considerado y dócil como ella cuando se le habla en el modo justo. Debo sugerírselo al señor Farquhar —se dijo a sí mismo el señor Bradshaw.
Jemimah corrió al piso superior y se encerró con llave en su dormitorio. En un primer momento empezó a caminar nerviosa sin derramar una lágrima, pero de improviso se detuvo y comenzó a llorar con profunda indignación.