Ruth
Ruth Apenas habÃa formulado este pensamiento en su mente cuando la alcanzó el chapoteo —más vigoroso e intenso que el rugido sordo del rÃo—, de un caballo que galopaba en el agua. Pasó junto a ella como un relámpago —nadando en la dirección de la corriente— un jinete encorvado y con el brazo extendido, prensil… ¡Y he aquÃ, una vida salvada, un niño restituido a sus seres queridos!
Mientras todo esto sucedÃa, Ruth permaneció inmóvil, aturdida y abrumada por la emoción, y cuando el caballero hizo girar su caballo y subió de nuevo lentamente el rÃo hasta el desembarcadero, reconoció al señor Bellingham de la noche anterior. Llevaba sobre el caballo al niño inconsciente; su cuerpo pendÃa talmente exánime que Ruth pensó que estaba muerto, llenándosele de pronto los ojos de lágrimas. Vadeó el rÃo hasta alcanzar la playa hacia la cual el señor Bellingham dirigÃa su caballo.
—¿Está muerto? —preguntó extendiendo los brazos para sujetar al muchacho, notando instintivamente que la posición en la que se encontraba no era precisamente la mejor para hacerle recuperar la consciencia, siempre y cuando esto fuera posible.
—Creo que no —respondió el señor Bellingham dándole al niño antes de desmontar del caballo—. ¿Es su hermano? ¿Sabe usted quién es?