Ruth
Ruth —¡Mire! —exclamó Ruth, que se habÃa sentado en el suelo para colocar al pobre muchacho en una postura más cómoda—. ¡Mueve la cabeza! ¡Está vivo!
—¿Sabe alguien quiénes son sus padres? —preguntó a las personas que sabiendo del incidente se habÃan acercado al lugar.
—Es el nieto de la vieja Nelly Brownson —dijeron.
—Debemos llevarlo a casa inmediatamente —respondió ella—. ¿Vive muy lejos?
—No, no; está muy cerca de aquÃ.
—Que alguno vaya de inmediato a llamar a un doctor —dijo el señor Bellingham autoritariamente— y lo conduzca sin demora a casa de la anciana señora. No es necesario que lo tenga aún en brazos —continuó, volviéndose hacia Ruth y recordando su rostro por vez primera en ese momento—, su vestido está empapado. Muchacho, ven aquÃ, retÃraselo. ¿No lo ves?
Pero la mano del niño habÃa aferrado ansiosamente el vestido de Ruth y ella no querÃa perturbarlo. Transportó con gran ternura aquella carga pesada hasta una casa de campo pequeña y mÃsera, que le indicaron los vecinos. Una vieja señora tambaleante salÃa al umbral en ese momento, temblando de agitación.
—¡Corazón mÃo! —dijo—. Es el último de los nuestros y se ha ido antes que yo.