Ruth
Ruth —¡Oh, mi niña querida! Me estoy empezando a arrepentir de habértelo dicho —respondió la señora Bradshaw, dándose cuenta por el tono de voz de Jemimah de que se estaban torciendo las cosas—. Sólo pretendo decir que la señora Denbigh no se comportarÃa jamás de modo impertinente. Debes saber que no ha hecho nada malo, simplemente ha seguido las directrices de tu padre con quien ha mantenido una larga conversación el otro dÃa, pidiéndole que descubriera los motivos por los cuales estabas de tan mal humor y que intentara razonar contigo. ¡Y ciertamente lo ha conseguido, querida! —dijo la señora Bradshaw con tono tranquilizador, creyendo que Jemimah estaba arrepentida (como una niña buena) de su mala conducta.
—Entonces, papá le va a regalar a la señora Denbigh un vestido porque la noche pasada he sido educada con el señor Farquhar.
—¡Asà es, querida! —dijo la señora Bradshaw cada vez más asustada por la ira que rezumaba el tono de Jemimah, bajo pero con mucho desdén.
Jemimah recordó, lo que la indignó aún más, cómo con actitud casi suplicante la habÃa persuadido con engaños, a dejar de lado su hostilidad. ¡Todo estaba calculado! Pero en su caso era particularmente indignante, porque apenas podÃa creer que Ruth, aparentemente transparente, se hubiera prestado a ello.