Ruth
Ruth —¿Está usted segura, madre, que papá le ha pedido a la señora Denbigh que intentara hacerme cambiar de actitud? Me resulta extraño.
—Estoy completamente segura. Habló con ella el viernes pasado en el estudio. Recuerdo que fue el viernes porque la señora Dean estaba trabajando ese día en casa.
En aquel momento, Jemimah se acordó que aquel viernes se había dirigido a la habitación donde se impartían las lecciones, que encontró a sus hermanas holgazaneando y se preguntó qué podía querer su padre de la señora Denbigh.
A consecuencia de esta conversación, Jemimah rechazó todos y cada uno de los tímidos esfuerzos de Ruth para averiguar el motivo de su malestar e intentar ayudarla si fuera posible. Los modales tiernos y compasivos que Ruth mostraba al ver a Jemimah cada día más infeliz, le parecieron a esta última, monstruosamente repugnantes. No podía afirmar que la conducta de la señora Denbigh fuera totalmente errónea, al contrario, podría considerarse incluso correcta, pero era indescriptiblemente repulsivo para ella pensar cómo su padre había consultado con una extraña (una semana antes consideraba a Ruth casi como una hermana) sobre cómo manejar a su hija para alcanzar sus objetivos. Sí, aunque lo hubieran hecho por su bien.