Ruth
Ruth —¡Se requiere tanto esfuerzo para inculcar una idea en la cabeza de personas tan estúpidas! Están ahà pasmados mirándose y preguntándose a qué doctor avisar, como si existiera una gran diferencia entre Brown y Smith, siempre que sepa mantener la sangre frÃa. No tengo más tiempo que perder aquÃ; iba a galope cuando reparé en el muchacho y ahora que casi ha gimoteado y abierto los ojos, no veo motivo para permanecer por más tiempo en esta sofocante atmósfera. ¿Puedo formularle una petición? ¿SerÃa tan gentil de asegurarse de que el jovencito tenga todo aquello que necesite? Si me lo permite, le dejaré mi bolsa —dijo entregándosela a Ruth, quien por su parte, estaba agradecida con la posibilidad de procurarle todo lo necesario al pequeño.
Pero al entrever el oro en el interior de la bolsa, no le gustó la idea de que le confiara a ella una suma tan elevada.
—No quisiera tal cantidad de dinero, señor. Un soberano es bastante, más que suficiente. ¿Puedo coger uno y darle lo que sobre cuando le vuelva a ver? ¿O quizá es mejor que se lo envÃe, señor?