Ruth
Ruth —Muy señora mÃa —dijo a Nelly Brownson—, ¿no podrÃa tener su casa un poco más cuidada y limpia? Parece más adecuada para los cerdos que para los seres humanos. En esta habitación hay una atmósfera repugnante, y la porquerÃa y la suciedad son verdaderamente escandalosas.
Y dicho esto, el señor Bellingham montó su caballo y después de hacer una ligera reverencia a Ruth, se marchó.
La vieja estalló en cólera:
—¿Quién se cree para permitirse entrar en casa de una pobre mujer e insultarla? Adecuada para los cerdos, ¿eh? ¿Y usted qué es?
—Es el señor Bellingham —contestó ella consternada por la evidente falta de gratitud de la anciana—. Ha sido él quien ha cabalgado sobre el agua para rescatar a su nieto. Se hubiese ahogado si no hubiera aparecido el señor Bellingham. Por un momento pensé que ambos serÃan arrastrados por la corriente. ¡Era tan fuerte!