Ruth
Ruth Él hubiera deseado poder calmarla, viéndola temblar a causa de los sollozos reprimidos. Le puso una mano sobre el brazo. Ella la rechazó nerviosa y se apartó al instante.
—¡Ruth! —gritó irritado por la repugnancia que habÃa expresado con su gesto—. Comienzo a creer que nunca me has amado.
—¡Yo! ¿Yo no le he amado? ¿Cómo osa decir una cosa semejante?
Mientras hablaba, le miraba con ojos de fuego. Sus labios, rojos y carnosos, dibujaron una mueca de encantador desprecio.
—¿Por qué motivo me rehúyes as� —preguntó cada vez más impaciente.
—No he venido aquà para que se dirija a mà de este modo —respondió—. He venido ante la duda de que le podÃa hacer bien a Leonard. Me expondrÃa a muchas humillaciones por su bien, pero a ninguna que provenga de usted.
—¿No tienes miedo de desafiarme de este modo? —le interpeló—. ¿Acaso no te das cuenta hasta qué punto estáis en mi poder?