Ruth
Ruth —Ah, ¿estás aquÃ? Te he buscado por todas partes. QuerÃa preguntarte si tienes algo de dinero que puedas prestarme sólo por unas semanas.
—¿Cuánto quieres? —preguntó Jemimah con voz apagada y descorazonada.
—¡Oh! Cuanto más mejor. Pero me contentarÃa con algunas monedas, tal es mi precaria situación.
Cuando Jemimah volvió con sus escasos ahorros, incluso su egoÃsta y desatento hermano se impresionó por la palidez de su rostro, iluminado por la vela que tenÃa en la mano.
—Vamos Mimi, no te rindas. Si estuviera en tu pellejo pelearÃa por él con la señora Denbigh. Te enviaré el sombrero en cuanto llegue a la ciudad; tienes que animarte y yo te respaldaré más que nunca.
A Jemimah le sorprendió —y sin embargo estaba en consonancia con este mundo extraño y caótico— descubrir que su hermano —que era la última persona entre su familia a quien le habrÃa hecho una confidencia, y casi la última persona entre sus amistades a quien se hubiera dirigido para recibir compasión o una ayuda concreta—, habÃa sido el único en augurar el secreto de su amor. Pero esta idea desapareció rápidamente de su cabeza como todas aquellas que nada tenÃan que ver con sus intereses personales.