Ruth
Ruth La noche, la noche insomne, estuvo tan concurrida e infestada de horribles imágenes que no veía la hora de que llegara el día; y cuando éste llegó, con su dolorosa realidad, estaba exhausta y agotada por la soledad nocturna. En las semanas sucesivas le pareció que no veía ni escuchaba nada que no le confirmara la idea de una clara inclinación del señor Farquhar hacia Ruth. Incluso su madre hablaba de ello como de algo inminente, preguntándose cómo se lo tomaría el señor Bradshaw, desde el momento en que su aprobación o desaprobación era el metro por el que ella se regía.
—¡Oh, Dios misericordioso! —rezaba Jemimah en el silencio fúnebre de la noche—, la opresión es demasiado fuerte, no puedo soportarlo más. Mi vida, mi amor, mi profunda esencia que me representa a través del tiempo y la eternidad; pero en el otro extremo está la piadosa Caridad.
Si ella no hubiera actuado como lo que es, si hubiera mostrado la más mínima señal de triunfo, una insignificante consciencia de su botín, si hubiese hecho un simple gesto por conquistar su amado corazón, habría cedido mucho tiempo antes; la habría vilipendiado incluso sin decir nada a los demás. Vilipendiada, aunque fuera inmediatamente, precipitada al abismo.