Ruth
Ruth Cuando Ruth llegó a la puerta de la casa parroquial, la encontró abierta; Leonard salió alegre y esperanzado como le habÃa dejado por la mañana, con el rostro radiante ante la idea de la divertida jornada que tenÃa por delante. Estaba vestido con la ropa que Ruth habÃa cosido para él con gratificante orgullo. TenÃa el lazo azul atado alrededor del cuello, el mismo que aquella mañana ella se habÃa quitado, pensando sonriente que combinarÃa muy bien con su hermoso rostro moreno. Apenas se encontraron le cogió de la mano, y sin decir una palabra lo condujo hacia la casa. Su aspecto, sus movimientos acelerados y su silencio, le asustaron; y aunque sentÃa curiosidad, no se atrevió a preguntarle cuál era el motivo de su insólito comportamiento. La puerta estaba cerrada con pestillo; Ruth lo abrió y dijo solamente: «arriba», con un débil susurro. Una vez arriba se dirigieron a su dormitorio. Entraron y Ruth cerró la puerta con llave; luego, sentándose, le colocó delante de ella (sin soltarle en ningún momento), sujetándole con las manos apoyadas sobre sus hombros, y mirándole a la cara con ojos afligidos por un sufrimiento que no lograba encontrar consuelo en las palabras. Finalmente intentó hablar; lo intentó con un esfuerzo fÃsico equivalente a una convulsión. Pero las palabras no querÃan salir; solamente cuando vio el terror absoluto dibujado en su rostro consiguió expresarse; pero en aquel momento, a la vista de aquel terror, cambió las palabras que en principio habÃa pensado utilizar. Le atrajo hacia sà y tratando de esconder el rostro, apoyó la cabeza sobre sus hombros.