Ruth
Ruth —¡Pobre, pobrecito hijo mÃo! ¡Pobre, pobrecito tesoro! ¡Oh! ¡Ojalá hubiera muerto en mi adolescencia inocente!
—¡Madre! ¡Madre! —sollozó Leonard— ¿Cuál es el problema? ¿Por qué pareces tan enloquecida y enferma? ¿Por qué me llamas tu «pobre hijo»? ¿No podemos ir a la colina Scaurside? No me importa mucho, madre; sólo te ruego que no te sofoques ni tiembles de ese modo. ¿Mi mamá querida, estás acaso enferma? ¡Déjame llamar a tÃa Faith!
Ruth se alzó y se apartó los cabellos que le habÃan caÃdo sobre los ojos. Lo miró con intensa melancolÃa.
—¡Dame un beso, Leonard! —dijo—. ¡Dame un beso, tesoro mÃo, una vez más como lo hacÃas cuando eras pequeño!
Leonard se lanzó a sus brazos y la abrazó con todas sus fuerzas y sus labios se encolaron como en los besos que se dan a los moribundos.