Ruth
Ruth —¡Leonard! —dijo al fin Ruth, apartándole hacia atrás y buscando el valor para contárselo todo con un esfuerzo espasmódico—. Escúchame. —El muchacho contuvo el aliento, calmo, mientras la observaba. En el precipitado trayecto de los Bradshaw a la casa parroquial su descabellada y desesperada idea consistÃa en definirse con los términos más brutales y vulgares que la gente pudiera imputarle, para que previamente Leonard escuchara aquellas palabras atribuidas a su madre de sus propios labios; pero ahora, su presencia —porque a sus ojos era un ser sacro y santo, y esto era un hecho irrefutable aunque todo lo demás fuera voluble—, la frenaba. Le parecÃa que no conseguÃa encontrar las palabras lo suficientemente delicadas y puras que se adecuaran a la verdad que debÃa aprender y que no debÃa hacerlo de ninguna otra lengua que no fuera la suya.