Ruth
Ruth —¡Leonard! Cuando era joven cometà muchos errores. Yo creo que Dios, que todo lo sabe, me juzgará con más indulgencia de lo que lo harán los hombres, pero yo he fallado de un modo que aún ahora, no logro entender (vio el rubor subir a sus mejillas, causándole un gran daño, en cuanto primer sÃntoma de aquella parte de vergüenza que serÃa suya para toda la vida); de cualquier modo, las personas no olvidan nunca, no perdonan jamás. Escucharás que se refieren a mà con las palabras más duras que se hayan jamás atribuido a una mujer, tal cual yo he sido, hasta hoy; hijo mÃo, deberás soportar pacientemente, porque en parte, serán ciertas. No llegues nunca a confundirte, por el amor que me tienes, llegando a creer que actué de un modo justo. ¿Dónde me habÃa quedado? —dijo con una duda repentina olvidando todo aquello que habÃa ya dicho y lo que aún le quedaba por decir; después, viendo el rostro maravillado de Leonard y reavivándose en ella la vergüenza y la indignación, prosiguió más rápidamente como por miedo a que sus fuerzas cedieran antes de concluir.