Ruth
Ruth —Y Leonard —continuó con voz temblorosa y afligida—, eso no es todo. El castigo de los castigos está aún por venir. Será verte sufrir por mis errores. ¡SÃ, tesoro! Dirán cosas infames sobre ti, ¡mi pobrecito niño inocente! Igual que sobre mà que soy la verdadera culpable. Te reprocharán de por vida que tu madre no se haya casado nunca… Que no estaba casada cuando tú naciste…
—¿Tú no estabas casada? ¿Tú no eres viuda? —preguntó Leonard bruscamente, teniendo por vez primera algo parecido a una clara idea del estado real de la situación.
—¡No! ¡Que Dios me perdone y me ayude! —exclamó cuando vio una extraña mirada de disgusto ensombrecer el rostro del muchacho y advirtió un ligero movimiento para intentar liberarse de su abrazo. HabÃa sido muy leve, casi fugaz, para lo que podÃa haber sido; habÃa pasado en un instante. Pero ella despegó las manos y se cubrió la cara rápidamente; se cubrió la cara por la vergüenza que sentÃa ante su niño; y con la pena en el corazón gimió:
—¡Oh, ojalá Dios hubiera querido que yo muriera, que muriera siendo niña, que muriera cuando no era más que un bebé pegado al seno de mi madre!