Ruth
Ruth —Madre —dijo Leonard poniendo tÃmidamente las manos sobre sus brazos; pero ella se retiró de él, continuando con su gemido bajo y profundo—. Madre —repitió él después de una pausa, acercándose más a ella aunque no lo advirtiese.
—Mi mamá querida —dijo usando el nombre afectuoso que habÃa abandonado porque lo consideraba poco varonil—; ¡mamá, mi querida, querida, amada mamá, yo no te creo! ¡Yo no, no, no, no!
Y al decirlo, estalló en una explosión de llanto desenfrenado. Al instante, sus brazos rodearon a su pobre muchacho mientras le calmaba como a un bebé en el pecho.
—¡Cálmate, Leonard! ¡Leonard, tranquilÃzate, hijo mÃo! ¡He sido muy brusca contigo! ¡Te he hecho daño! ¡Oh! ¡Sólo sé hacerte daño! —decÃa llorando con un tono de agrio reproche.
—No, madre —dijo él bloqueando sus lágrimas y con los ojos inflamados de sinceridad—. No existe ni existirá jamás una madre como tú y no creeré a ninguno que me diga estas cosas. ¡No, no lo creeré; y pegaré a quién se atreva a decirlo; sÃ, lo haré!
Apretó el puño con una mirada agresiva y desafiante en el rostro.