Ruth
Ruth —Recuérdalo siempre. Recuerda que cuando llegue el momento del juicio parecerá algo impÃo y cruel que los hombres te atribuyan nombres reprensibles por hechos de los que tú no tienes culpa. Recuerda la misericordia de Dios y la justicia divina; aunque mi pecado haya hecho de ti un repudiado. ¡Oh, hijo mÃo, hijo mÃo! (sintió que él la abrazaba como intentando consolarla en silencio; y le dio fuerzas para continuar). Recuerda tesoro mÃo que solamente tu pecado puede convertirte en un repudiado ante Dios.
Se sentÃa tan débil que su opresión sobre él se relajó. Leonard la miró asustado. Le llevó agua; se la echó en la cara, aterrorizado con la idea de que ella muriera y lo abandonara; la llamó con los nombres más tiernos, suplicándole que abriera los ojos.
Cuando se recuperó ligeramente, la ayudó a meterse en la cama donde permaneció acostada, inmóvil y pálida, como muerta. Ella casi esperaba que aquel desvanecimiento fuera la muerte, y con esa idea, abrió los ojos para mirar a su niño por última vez. Le vio lÃvido y aterrorizado; la compasión por su espanto la despertó, olvidándose de sà misma ante la angustia de que él asistiera a su muerte, en el caso de que verdaderamente estuviera muriendo.
—¡Vete con la tÃa Faith! —murmuró—. Estoy exhausta y necesito dormir.