Ruth
Ruth Leonard se alzó lentamente con indecisión. Ruth intentó sonreÃr para que aquella que pensaba era su última mirada pudiera fijarse en su memoria fuerte y dulcemente; le siguió con los ojos hasta la puerta. Le vio vacilar y volver hacia ella diciéndole con voz tÃmida y aprensiva:
—Madre… ¿ellos me hablarán de… esto?
Ruth cerró los ojos de modo que no expresaran el dolor que le provocó la pregunta como si de un cuchillo afilado se tratara. Leonard se lo habÃa preguntado por el deseo infantil de prevenir preguntas misteriosas y dolorosas, no por un personal sentido de la vergüenza, como por el contrario interpretó Ruth: una vergüenza sufrida tan joven, tan repentinamente.
—No —respondió—. Puedes estar seguro de que no lo harán.