Ruth
Ruth La única mancha de alegría y luz en aquel año oscuro provenía de Sally, quien como ella misma decía, se estaba volviendo más «gruñona» con el pasar de los años; pero el hecho de que fuera consciente de su mal humor, era una novedad, además de un gran paso para la tranquilidad de la casa al reconocer la paciencia que tenían con ella y al mostrarse más sensible a sus demostraciones de afecto. Día a día su sordera aumentaba; se enojaba y sentía celos si no era puntualmente informada de cada una de las ideas y proyectos familiares, que a menudo, obviando los detalles, debían gritarle a viva voz. Pero a Leonard le entendía siempre perfectamente. Su voz clara y aguda, similar a aquella de la madre —antes de que el sufrimiento la despojase de su particular timbre—, conseguía hacerse oír por la vieja ama de llaves, incluso cuando el resto no lo lograba. Sin embargo, a veces, Sally «recuperaba repentinamente el oído», percibiendo cada palabra y cada sonido, sobre todo, cuando no querían que escuchara; en estos casos, se irritaba si alzaban el tono de la voz, tomándoselo como una ofensa personal. En una ocasión, su indignación al considerarla sorda, provocó una de las escasas sonrisas en el rostro de Leonard; Sally, dándose cuenta dijo: