Ruth
Ruth Tras lo cual se dirigió nuevamente hacia el estudio, guardando sus monedas en el delantal.
—¡Aquà están, señor Thurstan! —le dijo derramándolas sobre la mesa ante el estupefacto señor Benson—. ¡Cójalas, son todas suyas!
—¿Todas mÃas? ¿Qué está diciendo? —le preguntó desconcertado.
Sally no le escuchó, asà que prosiguió:
—Guárdelas bien, en un puesto seguro. Pueden ser muy tentadoras. No respondo de mà misma si deja el dinero por ahà tirado. PodrÃa robarle alguna que otra moneda.
—Pero ¿de dónde han salido? —interrogó.
—¿De dónde salen? —respondió— ¿De dónde cree que sale el dinero? De los bancos, ¿no? Creo que lo sabe cualquiera.
—¡Yo no tengo dinero en el banco! —exclamó el señor Benson, cada vez más perplejo.