Ruth
Ruth Regresó a la cocina, tomó su testamento y le dio instrucciones a Leonard sobre cómo construir un marco adecuado; el muchacho, en efecto, era un discreto carpintero y tenía una caja de herramientas que el señor Bradshaw le había regalado algunos años antes.
—Es una pena que se pierda un documento tan hermoso —le dijo—, aunque no sé cómo podría leerlo. Quizá lo podrías leer tú por mí, Leonard.
Se sentaron con la boca abierta de admiración ante la gran cantidad de raras y largas palabras.