Ruth
Ruth Antes de la llegada del doctor, el señor Bradshaw entreabrió los ojos y se recuperó parcialmente, si bien permanecía en silencio, ya fuera porque no quería o porque no podía hablar. Parecía haberse hundido en la vejez. Sus ojos, conscientes en apariencia, revelaban una sombría mirada, reflejo de una larga y dilatada vida. Su mandíbula inferior, pendía de la superior, otorgándole a su rostro un aspecto de melancólica depresión, aunque sus labios entornados ocultaban su dentadura. Pero respondía correctamente —cierto que sólo monosílabos— a todas las preguntas que el doctor consideró oportuno realizarle. El médico no se impresionó ante la gravedad de su crisis menos de lo que lo hiciera su familia, que conocía todos los misterios que le habían ocultado y que por vez primera, veían al padre yacer con el aspecto precursor de la muerte dibujado en su rostro. El doctor prescribió reposo, observación y algunos medicamentos. Al señor Benson, le parecieron unas recomendaciones un tanto ligeras dada la gravedad de la situación, así que decidió seguir al médico fuera de la cámara para realizarle ulteriores consultas, y conocer el verdadero diagnóstico que pensaba se escondía detrás de su valoración. Pero mientras le seguía, se percató —al igual que el resto— de los esfuerzos del señor Bradshaw por incorporarse e intentar detenerle. Se levantó, apoyándose en la mesa con una mano, cuando notó que las piernas no le respondían. El señor Benson se apresuró a regresar junto al señor Bradshaw. Por un momento pareció que no tenía control sobre su voz, pero finalmente dijo con un tono de humilde y penosa súplica, muy conmovedor: