Ruth
Ruth —¡Oh! Todo el tiempo que necesites, basta con que al final aceptes. Y, ¡señor Leonard! También usted debe ir. Vamos, sé que estás de mi parte.
Ruth pensó en el lugar. Su único recelo nacÃa del recuerdo de aquella conversación en la playa. Jamás podrÃa volver a pasear por allÃ. ¡Pero habÃa tantas buenas razones! SerÃa para ella un agradable bálsamo reparador.
—¡Qué alegres tardes pasaremos juntos! ¿Sabes? Creo que quizá puedan venir también Mary y Elizabeth.
Un rayo de sol brillante, iluminó la sala.
—¡Mira! Es una señal propicia para nuestros planes. Querida Ruth, parece un augurio para el futuro.
Mientras la señora Farquhar hablaba, entró la señorita Benson acompañada del señor Grey, pastor de Eccleston. Era un hombre anciano, pequeño y fuerte, con aspecto serio; pero todos podÃan dar fe de su firme benevolencia que se reflejaba en su rostro, sobre todo en sus compasivos ojos negros que resplandecÃan bajo sus grises y marchitas cejas. Ruth lo habÃa visto una o dos veces en el hospital y la señora Farquhar habÃa coincidido con él en varias reuniones sociales.
—Vete a llamar a tu tÃo —le dijo la señorita Benson a Leonard.